Carta para la abuela

 Abue:

Vengo pensando en vos estos días, pronto van a ser dos años que no nos vemos ¿no te parece increíble? Antes de la pandemia, todos las semanas santas estábamos en Misiones sin dudarlo, era algo que ya sabíamos que iba a pasar. A esa normalidad no pudimos volver nunca más.

En Buenos Aires hace calor y hay mucha humedad -nunca tanta como allá-, en frente tengo un ventilador que hace mucho ruido para el poco aire que tira pero ayuda a que corra aire al menos. Pasaron tantas cosas estos dos años, abue. Ahora vivo en capital federal, sé que para vos Buenos Aires es todo lo mismo y yo también lo pensaría si mi vista fuera pura tierra colorada pero te juro que hay una diferencia, yo pensé que jamás terminaría acá. Parque Patricios es distinto igual, tiene las bondades de la mejor línea de subte a 5 cuadras y todos los vicios del conurbano, kioscos con horarios fantasmas, negocios desperdigados en muchas cuadras y durante el horario de siesta, nadie abre. Tampoco consigo donde depilarme con cera por acá, todo es depilación definitiva y me da una bronca. Ya sé que el futuro es la definitiva pero de mis 31 años, llevo 18 depilándome con cera. Ya mi piel se curtió, la cera dejó de estar caliente, el tirón seco se siente como rasparse contra una pared de cemento, solo molesta y te deja pegote.

Llegar depilada a verte es un estrés menos.

Estoy de novia con una chica. Vos ya sabes, te lo conté por teléfono el otro día. Lo que no sabes es que me caso sí, me caso. Y que en verdad va a ser una ceremonia muy chica y no estás invitada, en verdad sí pero sé que no vas a venir porque tenes 87 años y porque ya sabemos, las dos sabemos, que los Estigarribia son, cada vez más, algo que quiero ver menos. También sabemos que nos duele. Ay, abuela, tengo otra noticia también pero esa te la cuento cuando nos veamos.

Esta vez vamos en avión, Sami y yo. Es que nuestros días de vacaciones son pocos, los míos en verdad porque Sami es docente así que tiene más días. Tengo ganas de escucharte hablar, la tonada que estiiira las letras, tus “había sido” cuando descubris que algo no era cierto. El olorcito amargo de la tierra colorada.

¿Por qué no pude esperar a contarte esto cuando te viera? Porque estamos en zona de guerra y eso también lo sabes, así que mejor allanar camino y adelantar algunas sorpresas. Abue, vos sos la bandera blanca en la que todos vamos a descansar, la zona neutral para visitar, la patria que nos abre la puerta, a culpables y enojados, arrepentidos y dolidos. A veces me doy cuenta que él está allá solo por tus silencios, por tus pocas preguntas, por como los tíos hablan con alguien que no contesta.

Sé que no va a estar cuando vayamos, que vos te ocupaste de eso. 

Gracias. 


No veo la hora de abrazarte y tomar mate con vos en la entrada de tu casa, que estés sentada en tu reposera cebando mate en tu termo azul y nosotras en pijama a tu lado. Te extraño horrores. Te amo, abue.

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